Semanalmente, miles de personas reafirman las bondades de la trucha, al degustarla preparada al mojo de ajo, frita, a la mantequilla o a la mexicana aderezada con cebolla, jitomate y el infaltable epazote. En todos los casos, acompañadas de salsa y tortillas recién levantadas del comal.
También puede prepararse rellena de champiñones, aderezada con chile guajillo y gratinada con queso. O bien, envuelta para su cocción sobre la plancha en hojas de maíz, a manera de tamal, en lugar de utilizar el tradicional papel aluminio. O rebanada en rodajas para cocinarse en caldo, entre otras variadas formas de preparación.
Pero hay un detalle adicional que vuelve todavía más atractivo el consumo de este pescado de agua dulce y es que uno mismo puede pescarlo, en un ambiente campirano.
Ecoturismo y gastronomía. ¿Qué más se puede pedir?
Anualmente, en nuestro país se producen 30 mil toneladas de productos pesqueros en los estados donde, curiosamente, no existen costas. La cuarta parte de este volumen proviene del estado de México, principal productor de trucha en el país.
Visitamos uno de los lugares de la vecina entidad dedicados, precisamente a tan sabroso pescado: Amanalco, cuyos paisajes parecen entresacados de una postal canadiense. En sus boscosos montes brotan los manantiales que surten buena parte del agua que llega a la cercana presa de Valle de Bravo.
Por una vereda de terracería que serpentea entre pinos y oyameles, llegamos a un sitio que no sólo resulta idílico para los amantes de la pesca sino para todo aquel que disfruta de convivir con la naturaleza. Se trata de Rancho Feshi, cuya actividad gira en torno a la trucha arco iris.
El agua corriente a baja temperatura es un elemento determinante para el cultivo de esta especie acuática que abarrota los estanques artificiales diseminados por el espacioso lugar. Cada uno de ellos contiene truchas de diversas edades y pesos, que pueden sobrepasar la respetable cantidad de cinco kilos.
Este rancho acuícola surte de peces a otros lugares semejantes diseminados por el estado de México. Aquí encontramos truchas en sus diversas etapas de desarrollo, desde las nacidas de huevecillos con sólo unos milímetros de longitud, que se van desarrollando en condiciones controladas.
Es hora de consentirse
Un restaurante de madera, de estilo campirano pero muy bien puesto, es el destino final de buena parte de la pesca realizada durante la estancia de los visitantes, quienes pueden pernoctar en alguna de las cabañas instaladas sobre las copas de los árboles, para redondear un fin de semana inolvidable.
Por cierto, este rancho (y otros similares) también es frecuentado por pescadores agrupados en diversos clubes deportivos, quienes a lo largo del año realizan torneos de pesca por todo el país.
Rápida de pescar y preparar
Más accesibles para miles de capitalinos resultan las pequeñas granjas acuícolas ubicadas a la orilla de la autopista a Toluca, a la altura del lugar donde, en los albores de la guerra de Independencia, las huestes insurgentes comandadas por Miguel Hidalgo derrotaron a las fuerzas realistas en la batalla del Monte de las Cruces, y que a partir de 1936 se convirtió en parque nacional.
Allí se encuentra El Truchón, otra granja de trucha que dispone también de las instalaciones necesarias para criar los pescados que terminarán en las parrillas del restaurante del lugar. Recibe a 10 mil visitantes anuales.
“A diferencia de otras especies de pescado, la trucha no tiene mucha espina y es de rápida cocción: de 10 a 15 minutos sobre la plancha, según su tamaño”.
Fuente: www.eluniversal.com.mx
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Ecoturismo y Gastronomía ¨de la mano¨ en México Viernes, Marzo 2nd, 2007 a las 15:11
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